jueves, 16 de octubre de 2014

Lamentos de cristal

Te vi marchar y no hice nada por detenerte. El problema es que seguías allí. Seguías sin estarlo. ¿Qué te había pasado? ¿Antes eras así?
No, claro que no lo eras.
Al fin y al cabo fui yo la que fallé, la que lo intentó todo menos lo que funcionaba. Ya te dije que no era buena para esto, que no tenía jodida idea de nada. Ya sabes que soy torpe y frágil a la vez, que siempre estoy procurando por todos mis medios no destrozarme. ¿Cómo demonios voy a intentar también no romperte a ti?
No soy tu salvación y probablemente jamás lo fui. Lo siento, siento todo este estropicio. No era mi intención, te lo juro, yo no quería dejarte caer. Es sólo… no lo sé. Nunca he tenido cuidado con nada. Uso los sentimientos como pelotas de tenis, y tú...
Olvídalo.


No se me dan bien las disculpas.

martes, 22 de julio de 2014

Frío

Te das la vuelta y no hay nada. 
Nunca hay nada. 
El frío te abrasa, recorre cada centímetro de tus nervios, recordándote que el hielo también quema. 
Y lloras, no sabes por qué, no sabes por quién. 
Y lloras. 
Porque de alguien hay que morir. 
Lloras. 
Te sientas en uno de esos escalones polvorientos en los que juraste no sentarte jamás. 
Y lloras. 
¿Qué más da? 
Te dejas llevar por el viento, o el viento se deja llevar por ti. 
Ya nada importa. 
Tan sólo tú. Tan sola tú. 
En el borde del precipicio.

Ya no hay frío que te abrace.