domingo, 4 de enero de 2015

el momento en el que sábado y domingo se hacen uno

no sé qué es lo que más me gusta de ti
si tus largas estancias en la cama
o las mías entre tus omóplatos
si tu manía de taparte la cara
(y el corazón)
o tu manía de no parecer auténtico
de intentar, por todos los medios
ser absolutamente hermético.

tu problema es que lo que no dice tu boca
lo anuncia a gritos
tu mirada
el arqueo de tus cejas
y el de tu espalda
el rabillo de tu ojo
la inquietud de tus manos.

eres cristal,
así, como el mar
completamente transparente

completamente real

aún así, no puedo evitar
echarle un último vistazo a las sábanas
para asegurarme de que sigues ahí
por si te has esfumado
o por si no has estado nunca
Por si he sido yo
la que te ha imaginado.

mares de otoño

No, no... no es tristeza. Es... es decepción. Decepción ante la indiferencia. Nadie lo entiende. Y lo peor es que nadie lo ha hecho nunca. No tiene nada que ver con estar triste ni ninguna de esas mierdas, es... otro rollo. La gente no entiende el vacío. No sabe qué hacer con él. Y fruncen el ceño al verlo en otra persona, porque piensan que son los únicos que pueden tenerlo, como si fueran los únicos capaces de sentir. Ese es el problema. El vacío. El puto vacío. Siempre es el problema. La gente... supongo que ellos son daños colaterales. Como una gota en medio del océano. O una abeja en medio de una colmena. Algo así.

biología y comportamientos

Me has hecho experto en braille,
en arte
y en poesía.


Te sé recitar
de derecha a izquierda
de arriba a abajo
el lunar de tu hombro
el de la clavícula
y el de la cadera.


No he visto ningún museo
comparable
al timbre de tu pelo
al color de tu risa
al sonido de tu arqueo
entre sábanas
cuando nunca volverá a ceñirse el día.

Pronunciar de memoria
y de pasada
las pecas de tu rostro
las arrugas
las zonas en las que te encoges
al suspirar.

No sé si es amor
o una lección práctica de anatomía
Aunque, si te soy sincero,
temo.
Tampoco sé si quiero saberlo.

M(a)us(ol)eo

Se hace ley el mayor número posible,
ante el silencio crudo y solemne,
Todos los cementerios están llenos de gente
Ya sabéis,
los vacíos son algo prescindible.

Jamás llegué a ver espacio tan hueco
Tan falto de aciertos
frío, el hierro
y tan lleno de huesos.

Que la gente se despide a tragos
a besos, y no a ramos
Las disculpas a destiempo

son como un adoquín levantado
Hartas de instrucción
(o faltas de ella),

no llega a encajar, nunca
en ningún corazón

"Reivindico las flores a los vivos
y no a los muertos."