Me has hecho experto en braille,
en arte
y en poesía.
Te sé recitar
de derecha a izquierda
de arriba a abajo
el lunar de tu hombro
el de la clavícula
y el de la cadera.
No he visto ningún museo
comparable
al timbre de tu pelo
al color de tu risa
al sonido de tu arqueo
entre sábanas
cuando nunca volverá a ceñirse el día.
Pronunciar de memoria
y de pasada
las pecas de tu rostro
las arrugas
las zonas en las que te encoges
al suspirar.
No sé si es amor
o una lección práctica de anatomía
Aunque, si te soy sincero,
temo.
Tampoco sé si quiero saberlo.
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